Un día en el curro

«Estoy harto de trabajar, suena el despertador monótonamente a las 6 todos los días. Le dejo sonar una vez, lo apago, y lo programo para que suene 15 minutos mas tarde. 15 minutos mas por favor, quince minutos mas de sueños, de vida.

 

Vuelve a sonar y ahí ya se que no puedo apagarlo de nuevo, sino llegare tarde al curro y tendré movidas. Necesito la pasta, sino no podre tirar todo el año.
En el metro iba durmiéndome, tal vez un poco triste, desanimado, cansado de todo este mundo que se empeña en derrotarme cada mañana. Trabajar es una mierda, pero peor es saber que en mayor o menor medida en este sistema no tienes otra opción (y si la hay: como el robo, creo que no tengo narices, tengo miedo).
Al llegar al curro he mirado como cada día la escena desoladora del trabajo acumulado, y los ojos tristes, cansados y resignados de mis compañeros, ellos también están hartos, pero tienen hijos, hipotecas, han caído en la trampa. Me jode verles así, y me jode verme a mi así. Creo que vivir así no tiene sentido, a veces planteo hasta mi propia existencia, estoy demasiado harto. Debería hacer algo irremediable, mi conciencia me lo dice, pero… tengo miedo.
Hoy mientras trabajábamos hemos puesto la radio, alguien comento que pusiéramos el debate de «Protagonistas», así pues, mientras trabajaba haciendo un constante movimiento repetitivamente, maldiciendo porque todo será así, porque me siento tan mal escuchaba el programa en cuestión. Cada tres segundos me mordía el hígado de la rabia de escuchar las barbaridades que decían, pero me tragaba la bilis y me callaba.

El compañero que tengo en la mesa de al lado es con la única persona con la que me relaciono. Es un hombre avejentado de trabajar, yo pensaba que tendría unos sesenta y pico, pero hoy me ha dicho que tenia 53. Esta siempre nervioso, los ojos enrojecidos, la voz ronca (tal vez de no parar de fumar por el stress), no le cae bien nadie de la plantilla, sin embargo yo noto que a mi me tiene cariño. Me ve joven, y sobre todo me ve bueno. Siempre digo en mis panfletos que intentemos currar lo menos posible, y eso trato de hacer. Sin embargo mi compañero tiene tanto trabajo acumulado que lo pasa mal, así que trato de terminar pronto lo mío, para ayudarle. Pq cada día viene mas y mas trabajo y el tiene por tanto mas y mas acumulado. Solemos hablar de cosas banales, de anécdotas de la vida. Hoy le he preguntado quien era el Comité de Empresa (quería saber quienes eran los gestionadores de mi miseria cotidiana), y él muy rotundo me ha dicho «Ni lo se, ni quiero saberlo, esa gente son todos unos hijos de puta», yo le he dicho que opinaba lo mismo que esa gente era lo peor, estaban liberados para negociar nuestra esclavitud. Él acelerado me decía que eran unos amarillos, que deberíamos de quemarles, yo he apuntado «con los patronos dentro también», decía «hasta las huelgas que convocan son amarillas, las hacen a favor de la empresa no a favor nuestra». Así que le propuse que podíamos auto organizarnos, sin sindicatos, ni lideres, ni liberados y ponernos en huelga por nosotros mismos sin mediadores. Él se negó, su proclama era: «Las huelgas no valen para nada, son una mierda, lo que debíamos de hacer es enterarnos quien es el hijo de puta que nos esta haciendo esto y ponerle una bomba en el culo». A estas alturas yo estaba ya emocionado, pero seguía cauteloso.
Es una mierda que la gente de los barrios pobres nos tengamos que ir a los barrios de los jodidos ricos a servirles, da igual como lo pinten, es así y es así, no hay mas tu tía.
Sigue el hablando y dice: «Los sindicatos son una mierda, si hubo uno que valía la pena era la CNT, y ya se encargaron de destruirla» (veis compañeros de la cnt, independientemente de que no crea en el sindicalismo, si cnt se distinguió por algo de los demás sindicatos era pq luchaba en la calle, a destajo, porque no se dejaba apabullar por los tiempos que le obligaban a condenar todo acto).

Lo que era un día gris comienza a tener color, siento que me palpita algo dentro de la camiseta, creo que es mi corazón, que es insurrecto de todo esquema, y cuando mas triste estoy en un momento decide recordarme que ESTOY VIVX, y que va por libre.
Miro a mi compañero y le digo «lo se, lo se muy bien», me mira a los ojos, con sus ojos enrojecidos por encima de las gafas, y me dice: «Porque me da igual lo que digan, YO SOY ANARQUISTA», ya no he podido aguantarme más y le he dicho «YO TAMBIÉN». Durante unos segundos ha habido silencio. Pero no un silencio incomodo, los dos sabíamos que en ese momento había surgido algo, algo había pasado. En su sistema bicolor se había colado el arcoíris y estaba dispuesto a derrotar su mundo de miseria. El y yo reconocíamos ser de una clase, lo reconocíamos y sabíamos cuales eran nuestros problemas.
La vida es una mierda, el trabajo es una mierda, el consumo es una mierda, sus mentiras son mierda, pero nosotros no somos mierda, y si lo hemos sido alguna vez por callar: nunca jamás lo seremos.

«Tienes suerte, haz caso de un viejo, tú eres libre, nunca lo olvides».
Creo que nos han derrotado interiormente, estoy convencido de que hay miles de anarquistas como él que se sienten derrotados, y han perdido la esperanza. Me habría encantado conocerle en un bosque mientras comiéramos un poco de tomate, o quizás paseando por la calle haberme sentado en el mismo banco que el y haberle conocido. Pero no, ha sido en nuestra tumba diaria donde le he conocido. El y yo sabemos que no queremos trabajar, que queremos vivir. Que nos lo merecemos. Y que hay culpables en esto.

Hoy me ratifico en que no quiero mejorar mi esclavitud, el y yo aunque trabajáramos una hora menos, seguiríamos tristes y asqueados de nuestra vida. Pq no solo es el trabajo, sino el consumo, la hipoteca, la competitividad entre compañeros, las traiciones en forma de chivateo. Creo que antes de que nos despidan a ambos le voy a proponer vernos en otro ambiente menos hostil para la vida, para poder por unos momentos NO TENER QUE MIRAR EL RELOJ PARA VER CUANDO TERMINO, NI HABLAR EN VOZ BAJA PARA QUE NADIE NOS VIGILE.